Es El Enemigo — El Ego
En el corazón de la antigua Grecia, un joven escultor llamado Aris era conocido por su técnica impecable. Sus estatuas parecían respirar, y el mármol, bajo su cincel, se volvía seda. Sin embargo, Aris tenía un visitante constante en su taller: su propio ego.
El día de la revelación, la plaza estaba llena. Cuando retiraron la tela, la multitud guardó silencio. No era un silencio de asombro, sino de confusión. La estatua, cargada de detalles innecesarios y adornos que solo buscaban demostrar la habilidad de Aris, carecía de alma. Pero lo peor fue técnico: Aris, cegado por su arrogancia, no había calculado el peso de la base dorada. El ego es el enemigo
Bajo el sol del mediodía, el mármol cedió. Una grieta recorrió la figura y la estatua se desplomó, reduciéndose a escombros antes de que el Rey pudiera decir una palabra. En el corazón de la antigua Grecia, un
El ego fue su enemigo porque le robó la capacidad de aprender, la humildad para corregir y, finalmente, la obra que pudo haber sido eterna. Se quedó solo entre las piedras rotas, dándose cuenta de que El día de la revelación, la plaza estaba llena